Energía
Suben los combustibles hasta un 5% en casi todo el país
Esta semana, las principales petroleras privadas de la Argentina dispusieron un incremento de entre el 2% y el 5% en los surtidores de distintas regiones del país, empujadas por la escalada internacional del crudo. La medida busca ajustar las tarifas frente al salto en los costos de origen, mientras se aguarda una definición inminente por parte de la estatal YPF, que hasta el momento mantiene congelados sus valores pero terminaría acoplándose a la tendencia general de la industria.
La decisión de aplicar el reajuste en el tramo final de noviembre provocará un desfasaje en los índices macroeconómicos, provocando que el impacto de la suba sobre la inflación quede fragmentado entre el registro oficial de este mes y el de diciembre. Esta estrategia tarifaria rompe con el esquema de estabilidad o «buffer» que las compañías locales venían sosteniendo desde mayo, mecanismo que compensaba las fluctuaciones operativas tras la importante actualización de precios ejecutada a mediados de año.
El mecanismo de contención previo exigía mantener los importes sin cambios en el mercado interno mientras la cotización del crudo Brent se ubicara holgadamente sobre los US$ 80 por barril. La premisa del convenio entre refinadoras y productores era equiparar los flujos financieros una vez estabilizado el mercado global, meta que quedó desestimada ante el abrupto cambio en el escenario energético internacional.
Volatilidad global e impacto local
El desencadenante directo de esta nueva corrección tarifaria fue el marcado repunte que experimentó el precio del barril a nivel global durante la última jornada financiera. Las tensiones geopolíticas y los discursos contrapuestos entre las administraciones de Estados Unidos e Irán reavivaron la incertidumbre en los mercados de materias primas, acelerando las compras especulativas.
En ese contexto de alta volatilidad, la variedad Brent volvió a superar la barrera psicológica de los US$ 100 durante las operaciones del jueves, alcanzando un pico de US$ 105 por unidad. Esta brusca aceleración de los costos internacionales tornó insostenible el esquema tarifario vigente dentro del mercado doméstico.
Ante la magnitud del salto en el crudo de referencia, las empresas comercializadoras que operan en el territorio nacional optaron por no demorar el traslado a los precios finales de la gasolina y el diésel, dando inicio a un nuevo ciclo de reajustes en la cadena energética local.

