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Economía

Un año de contrastes para la fruticultura y un inicio alentador para el mercado

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El cierre del año encuentra a la fruticultura regional atravesando un escenario complejo, pero con señales positivas, especialmente en el segmento de peras y manzanas.

En LU5 Agro, Danilo, ingeniero agrónomo y productor frutícola del Alto Valle, remarcó que el desempeño del sector estuvo fuertemente condicionado por las estrategias comerciales adoptadas por las empresas compradoras y por un mercado que se comportó de manera opuesta al del ciclo anterior.

Mientras que el año pasado estuvo marcado por una acumulación de stock en cámaras de frío y una fuerte especulación financiera que terminó perjudicando los precios, este ciclo mostró una dinámica inversa. La rápida colocación de fruta durante los primeros meses dejó un mercado “limpio” hacia el último trimestre del año, lo que permitió valores más altos y mejores condiciones para quienes lograron sostener mercadería hasta ese momento.

En el caso de las peras y manzanas, el productor señala que el último cuatrimestre resultó particularmente favorable y que el inicio del nuevo año encuentra al sector en una posición más sólida que en temporadas anteriores. Sin embargo, advierte que el resultado final de cada establecimiento depende en gran medida de a quién se le vendió la fruta y de las decisiones comerciales tomadas, un aspecto que sigue siendo poco transparente dentro de la cadena.

CAROZOS: PRESIÓN DEL MERCADO INTERNO Y LA NECESIDAD DE EXPORTAR

El panorama para la fruta de carozo presenta desafíos adicionales. Con una comercialización concentrada en pocos meses y una fuerte competencia de zonas como San Pedro y Mendoza, los productores del Valle deben afrontar márgenes ajustados durante noviembre y diciembre.

No obstante, la incorporación de nuevas tecnologías de poscosecha permitió extender el período de comercialización, especialmente en ciruela, lo que alivió parcialmente la presión de vender toda la producción en un corto lapso. Esta mejora, paradójicamente, impulsó una fuerte expansión de la superficie plantada, tanto en la región como en Uruguay y Mendoza, lo que abre interrogantes sobre futuros excedentes y la necesidad de buscar mercados externos, como Brasil.

Uno de los puntos críticos señalados es la ausencia de estadísticas confiables y actualizadas que permitan planificar a mediano y largo plazo. La falta de censos productivos y de datos claros sobre superficies implantadas y volúmenes esperados dificulta la toma de decisiones y favorece comportamientos reactivos, basados en lo ocurrido en los últimos uno o dos años.

En este contexto, las cámaras de productores aparecen debilitadas, con escasa renovación dirigencial y un rol más administrativo que representativo. Según el productor, el cansancio, la falta de tiempo y la diversidad de realidades dentro del sector conspiran contra la organización colectiva y la defensa de intereses comunes.

Desde el punto de vista climático, la temporada fue relativamente favorable en su zona, sin eventos severos de granizo y con heladas que no provocaron daños significativos en peras y manzanas. Sin embargo, persisten preocupaciones estructurales, como la falta de mano de obra calificada para tareas clave y el escaso recambio generacional en puestos intermedios.

A esto se suma la dificultad para planificar inversiones ante la incertidumbre en los plazos y montos de cobro, una característica histórica de la fruticultura que condiciona la estabilidad económica de los productores.

Pese a las dificultades, el balance no es enteramente negativo. Un mercado más ordenado, mejores precios de arranque y la expectativa de una mayor demanda industrial aparecen como factores que podrían sostener la actividad. Para el productor, cuando la industria acompaña y absorbe excedentes, el impacto positivo se refleja rápidamente en toda la economía regional.

El desafío, sostiene, pasa por ganar previsibilidad, mejorar la información disponible y fortalecer los espacios de diálogo, en un sector donde la planificación colectiva sigue siendo una deuda pendiente.