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Enología

Las catas de vino que transforman la degustación en una experiencia

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Las degustaciones de vino dejaron de limitarse a una mesa con copas y comida para convertirse en experiencias vinculadas con paisajes, aventura, gastronomía y turismo. Gabriel Bosso, estratega, divulgador y referente del enoturismo nacional, repasó algunas de las propuestas más singulares que existen en el mundo y destacó el potencial de Argentina para desarrollar este tipo de actividades.

“La cata pasa a ser casi secundaria, acompaña la experiencia”

Bosso explicó que el objetivo es revalorizar el momento de la degustación y sacar al vino de su formato tradicional. “El vino es como un actor de reparto que acompaña la experiencia”, señaló, y sostuvo que el espacio donde se realiza la cata puede potenciar el recuerdo de una marca, una cepa o un destino.

Entre los ejemplos mencionó las grutas de San Marcel, en Francia, donde los visitantes ingresan con mameluco, casco y linterna para degustar vinos dentro de las cuevas. También recordó una experiencia que realizó en la Caverna de las Brujas, en Malargüe, donde organizó una cata con vinos de San Rafael dentro de la cueva principal.

Otro formato se desarrolla en Sonoma, Estados Unidos, donde los participantes recorren distintas postas en bicicleta y se detienen para probar variedades de la región. Bosso también contó que en Córdoba realizaron una experiencia similar sobre un pedal bar, una estructura que se desplaza mientras los participantes pedalean y degustan vinos.

El enoturismo busca descontracturar la relación con el vino

Entre las experiencias internacionales también mencionó catas nocturnas en Australia, degustaciones en zonas cercanas a volcanes y propuestas realizadas en antiguas ruinas griegas. En Argentina, destacó las experiencias de astroturismo, como las degustaciones de espumantes en la zona de Punta de Vacas, en Mendoza. “La cata pasa a ser casi secundaria, acompaña la experiencia”, explicó.

El especialista también puso como ejemplo las degustaciones vinculadas a la cava submarina, donde se pueden comparar vinos criados en una bodega con otros estibados en el mar. Según explicó, este tipo de propuestas permiten acercar al público al vino desde otro lugar y “descontracturan completamente” la relación con la bebida.

Para Bosso, el desafío también pasa por abandonar cierta solemnidad que puede alejar a quienes no tienen conocimientos específicos. “Los semelier también hemos hecho lío con eso, como que la gente tiene que rendir una especie de examen de aptitud para probar el vino”, cuestionó. En contraposición, consideró que las experiencias diferentes permiten que el público se acerque de una manera más relajada.

El enoturismo también puede comenzar en el propio viñedo, incluso antes de la degustación. “Podés llevarlo a cualquier parte del mundo, pero arrancar catando vinos al lado de la planta que vio nacer esa uva”, destacó. Para el especialista, estas propuestas muestran que el vino puede integrarse con el paisaje, la gastronomía y la cultura para construir experiencias que trasciendan la copa.

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