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La producción de maíz y alfalfa impulsa la actividad forrajera en el Alto Valle
La producción forrajera en el Alto Valle combina el cultivo de maíz, la recuperación de chacras abandonadas y la incorporación de tecnología. Julio Ortega, productor de la región, trabaja unas 200 hectáreas de maíz y desarrolla nuevas superficies productivas, aunque advierte que la falta de mano de obra capacitada limita las posibilidades de crecimiento.
“Podría duplicar la cantidad de hectáreas, pero no tengo la gente para hacerlo”
Ortega explicó que las últimas lluvias permitieron avanzar con la siembra sin necesidad de riego. Sin embargo, las bajas temperaturas retrasaron las tareas unos diez días respecto de otros años. “La lluvia te deja una humedad mucho más pareja que cuando regás por manto”, señaló.
El productor indicó que mantiene unas 200 hectáreas de maíz y que lleva 16 años trabajando con el cultivo sobre el mismo lote. También destacó la importancia de adaptar la maquinaria a las características de las chacras de la zona. “Hoy con el sistema de tres puntos tengo mucha más maniobrabilidad, porque son campos chicos y separados”, explicó.
Uno de los principales obstáculos para ampliar la superficie es conseguir trabajadores con experiencia. “Podría duplicar la cantidad de hectáreas, pero no tengo la gente para hacerlo”, afirmó. Según sostuvo, la competencia salarial con la actividad petrolera dificulta la contratación y retención de personal para las tareas rurales.
Recuperación de chacras y nuevas superficies productivas
Además de producir maíz, Ortega trabaja en la recuperación de chacras que estuvieron abandonadas durante 10 o 15 años. Las tareas incluyen limpieza, nivelación del terreno y reconstrucción de canales e infraestructura de riego. “Hay que hacer una inversión importante para poner esos campos en producción”, explicó.
El productor señaló que el acondicionamiento de los terrenos permite mejorar el aprovechamiento del agua. En ese sentido, destacó la importancia de organizar los cuadros de riego y adaptar las dimensiones de los tablones. “Estamos haciendo tablones de 30 metros por 240, porque así se aprovecha mucho mejor el agua”, detalló.
El esquema de trabajo contempla inversiones iniciales y acuerdos de producción a mediano plazo. Ortega explicó que, una vez recuperada la chacra, asume los costos de cultivo y trabaja el campo durante cinco años. Algunas de esas superficies volvieron a producir alfalfa y otras se destinaron a fruticultura, ampliando las alternativas productivas de la región.

