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LU5 Agro

Las lluvias elevan el riesgo de enfermedades en los frutales del Alto Valle

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Las lluvias persistentes y las temperaturas frescas de esta primavera generan condiciones favorables para el desarrollo de enfermedades fúngicas y bacterianas en los cultivos frutícolas de la región. Así lo advirtió María Cristina Sosa, investigadora independiente del CONICET y profesora adjunta de Fitopatología de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional del Comahue, quien señaló que los productores deberán intensificar el monitoreo de las chacras y ajustar las estrategias de prevención, especialmente frente a la sarna del peral y las enfermedades que pueden afectar la fruta durante su conservación.

“Es una temporada como que nos va a tener con trabajo y nos va a necesitar que estemos muy atentos”

“Es una primavera que va a favorecer el desarrollo de enfermedades en general, enfermedades fúngicas que dependen mucho de las condiciones ambientales”, explicó Sosa en diálogo con LU5 Agro. También advirtió sobre la posible incidencia de enfermedades bacterianas que comenzaron a cobrar importancia en cultivos de la región, como el cerezo y el almendro. “Es una temporada como que nos va a tener con trabajo y nos va a necesitar que estemos muy atentos”, resumió.

Entre las principales preocupaciones se encuentra la sarna del peral, una enfermedad que puede provocar pérdidas comerciales importantes. La investigadora recordó el brote de 2018, cuando algunos productores no pudieron cosechar la fruta afectada. “Fue un antes y un después, porque todo el mundo decía: ‘¿Qué pasó? ¿Dónde estaba, por qué explotó?’”, relató. A partir de ese episodio, un equipo de investigación de la Facultad de Ciencias Agrarias comenzó a estudiar el comportamiento del patógeno y sus fuentes de inóculo en la región.

Sosa explicó que el riesgo de infección depende de factores como las horas de hoja mojada, la temperatura y la presencia previa del patógeno en la chacra. Por eso, aclaró que no todas las zonas productivas enfrentan las mismas condiciones: el comportamiento de la enfermedad en Río Colorado y Valle Medio puede diferir del registrado en el Alto Valle. “Si hay inóculo es muy probable que haya altas probabilidades de que ocurra la infección”, señaló, y remarcó la importancia de conocer los antecedentes sanitarios de cada monte frutal.

Monitoreo y prevención para evitar pérdidas comerciales

La investigación sobre la sarna del peral también permitió identificar diferencias respecto de la sarna del manzano. Según Sosa, en algunas zonas más lluviosas el patógeno puede sobrevivir en la hojarasca, mientras que en sectores del Alto Valle los estudios indican que los conidios que permanecen en la planta serían una fuente de inóculo relevante. “No se comporta igual que la sarna del manzano, tiene otros requerimientos de temperatura, de horas de hoja mojada”, explicó. El equipo continúa trabajando en el tema para comprender mejor la enfermedad y generar recomendaciones ajustadas a las condiciones regionales.

Frente a este escenario, la especialista insistió en que las aplicaciones deben realizarse a partir del monitoreo y de los antecedentes de cada establecimiento. “Yo insisto con el monitoreo y que sea todo preventivo”, afirmó. Si bien las condiciones ambientales elevan el riesgo, advirtió que aplicar productos de manera indiscriminada puede generar problemas de resistencia de los hongos y de residuos que afecten el acceso a los mercados. Por eso, consideró fundamental que el productor, el encargado de la chacra y el profesional responsable definan la estrategia y el momento adecuado para intervenir.

La ventana de riesgo de la sarna del peral también requiere atención durante un período más extenso que el habitual en el manejo de otras enfermedades. “Los años que hemos tenido problema, los problemas más importantes los hemos tenido en noviembre, diciembre y precosecha”, detalló Sosa. En ese sentido, recomendó sostener el seguimiento de los montes durante la temporada y registrar lo ocurrido para reducir la presencia de inóculo en el ciclo siguiente. El cuaderno de buenas prácticas agrícolas, agregó, puede ayudar a ordenar esa información.

Otra de las enfermedades que preocupa es la botritis, especialmente por las infecciones latentes que pueden producirse durante la floración y manifestarse recién en la etapa de conservación. Sosa mencionó la sensibilidad de algunas variedades de pera, como D’Anjou, Bosc y otras variedades susceptibles, y advirtió que estos problemas pueden ocasionar pérdidas importantes. También señaló el riesgo de alternaria y recomendó que, al definir los tratamientos contra la sarna, los técnicos evalúen estrategias que contemplen más de una enfermedad.

“Es reimportante estar el monitoreo, estar muy arriba del monte y empezar a registrar qué pasó este año”, concluyó la investigadora. En una primavera con condiciones propicias para el desarrollo de patógenos, la observación sistemática de los cultivos y las decisiones sanitarias oportunas serán claves para prevenir daños, reducir pérdidas y preservar la calidad comercial de la fruta.

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