Economía
Fruticultura: menos fruta, buen calibre y un arranque de temporada con mejores precios
La temporada frutícola comenzó con un escenario marcado por los vaivenes climáticos y una cosecha que, en términos generales, se perfila por debajo de lo esperado. Así lo describió Nicolás Sánchez, presidente de la Cámara Argentina de Fruticultores Integrados (CAFI) y CEO de Patagonian Fruits Trade, quien advirtió que los eventos meteorológicos de este año dejaron impactos desiguales en las distintas zonas productivas del Valle.
Según explicó en Realidad Económica, en algunas chacras ya se registran caídas de entre un 8% y un 10% en variedades como Williams, mientras que en otras áreas las pérdidas serían mucho más severas. Incluso, mencionó que hay zonas donde se habla de hasta un 50% menos de cosecha, especialmente en manzana, lo que refleja un panorama heterogéneo y todavía difícil de dimensionar con precisión.
Pese al recorte productivo, Sánchez destacó que la calidad de la fruta se mantiene en buenos niveles y que los calibres vienen favorecidos, algo que asoció directamente con la menor carga en las plantas. “Buenos calibres, menos fruta”, resumió, aunque aclaró que aún resta evaluar el efecto total de episodios como el granizo, al que calificó como “terrible” en algunas regiones.
Con la temporada ya en marcha, el sector comenzó a mover los primeros volúmenes hacia mercados estratégicos como Brasil. Sánchez confirmó que las exportaciones se iniciaron en enero y aseguró que el contexto comercial muestra señales más favorables que el año pasado.
“Es algo totalmente diferente a lo que teníamos el año pasado, donde regalábamos la fruta”, afirmó, en referencia a un 2024 con precios deprimidos y escasa capacidad de defensa comercial. Si bien reconoció que el mercado “siempre tiene su folclore” y que ya se escuchan señales de posibles bajas, sostuvo que el arranque fue con bases más altas y eso genera cierto optimismo en el sector.
Otro de los puntos centrales de la conversación fue el cierre salarial para la actividad, un tema que históricamente tensiona la relación entre empresas, gremios y productores. Sánchez describió que las negociaciones fueron extensas y complejas, aunque remarcó que el escenario inflacionario actual —muy inferior al de años anteriores— permitió un marco algo más previsible.
En ese contexto, explicó que se avanzó en un esquema que, según señaló, busca un equilibrio: que el trabajador perciba una mejora en el ingreso y que el costo para el empleador sea menor. La clave, dijo, estuvo en reordenar ítems del salario, pasando algunos conceptos a remunerativos.
También mencionó que este tipo de acuerdos ya se vienen implementando en otros sectores y que existió diálogo con el Gobierno respecto a su viabilidad y homologación, aunque aclaró que no tenía confirmación técnica sobre el estado final del trámite administrativo.
Consultado por el rol institucional, Sánchez defendió el trabajo de CAFI y sostuvo que muchas gestiones que impactan sobre la actividad no siempre se valoran públicamente. Entre ellas, mencionó negociaciones para evitar retenciones y avances en registros vinculados a insumos y herramientas productivas, además de reuniones permanentes en Buenos Aires con funcionarios y legisladores.
En paralelo, señaló que la Cámara mantiene su base histórica de socios, pero que se sumaron nuevos actores relevantes. En ese sentido, planteó que el objetivo es ampliar la representatividad: “Nos gustaría que estén todos”, expresó.
En una mirada más amplia, Sánchez puso el foco en un tema que atraviesa a la economía regional: la competitividad. Si bien sostuvo que el Gobierno no cerró puertas al diálogo, se mostró crítico sobre la falta de medidas concretas para sectores productivos intensivos en mano de obra.
En ese punto, advirtió sobre el riesgo de consolidar un modelo económico apoyado casi exclusivamente en tres grandes motores: el agro, Vaca Muerta y la minería. “Entre ellos no van a emplear más de 150 mil personas”, señaló, y remarcó que la fruticultura genera alrededor de 45 mil puestos de trabajo, por lo que consideró indispensable cuidar las industrias que sostienen empleo genuino en el interior del país.
Además, defendió la inserción internacional del sector y su capacidad de competir: “Exportamos a 60 países del mundo”, recordó, y afirmó que la fruticultura está acostumbrada tanto a competir afuera como a convivir con productos importados en el mercado interno.
Con menor volumen de fruta, calidad aceptable y un inicio comercial más alentador que el del año pasado, la temporada arranca con expectativas moderadas. Sin embargo, el trasfondo estructural sigue siendo el mismo: costos elevados, presión impositiva, necesidad de reglas claras y una competitividad que, para el sector, todavía no encuentra respuesta inmediata.
Mientras tanto, la cosecha avanza y el desafío —como cada año— será sostener mercados, defender precios y mantener la actividad en marcha en una economía que exige resultados rápidos, pero donde las soluciones de fondo suelen llegar tarde.

