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Economía

Balance anual de la economía argentina

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Fernando Schpoliansky explica plan de pagos de la AFIP


Parte I: Balance de la economía 2018

Un balance complicado. Los números acumulados de los tres años de gestión de Cambiemos en el gobierno nacional podrían atormentar al más imperturbable habitante del mundo: 291% de devaluación; 160% de inflación; 3008% de alza en el gas, 2136% en la luz, 515% en el agua, las naftas 192%; 22% de caída en el salario real promedio y 24% en el mínimo y 18,5% en la jubilación.
Además, la destrucción de 51.700 empleos privados, la resignación de 107.933 puestos industriales y la desaparición de 9.609 Pymes. Aún así, a cada argentino le tocan $283.380 de la deuda contraída y que ocupa 17,7% del gasto público.
Se achicó la actividad económica; hay menos trabajo y se disminuyó la inversión destinada a educación y ciencia; el producto bruto por habitante retrocedió 4,56% en estos 3 años; y el reparto fue más desparejo ya que la diferencia entre el decil más rico y el más pobre se amplió una vez y media. Y el impacto más doloroso lo determina el informe del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina respecto de la incidencia de la pobreza en nuestro país, del cual se desprende que el 33,6% los argentinos son pobres. Esto significa un avance de 5 puntos respecto de los números que se habían presentado el año anterior, cuando el número rondaba el 28,7% y se encontraba descendiendo. De hecho, 2,2 millones de personas ingresaron en el umbral de la pobreza durante este último año.


Los números acumulados de los tres años de gestión de Cambiemos en el gobierno nacional podrían atormentar al más imperturbable habitante del mundo

“Durante 2018, la inestabilidad macro-financiera, sumada a los efectos de la sequía sobre el PBI agropecuario, consolidaron una crisis externa que terminó con una fuerte depreciación del peso, una aceleración de la tasa de inflación y una caída del salario real. Esto implicó una caída del consumo interno y la entrada a un nuevo ciclo estanflacionario, con una fuerte ingreso de los sectores medios bajos a la situación de pobreza», detalla el informe.
También se vio incrementada la indigencia también aunque, en este caso, en mucha menor medida: subió cuatro décimas y alcanzó el 6,1% al compararlo con el mismo período del año anterior. Según el informe, 2,47 millones de argentinos son indigentes.

Sobre llovido, mojado
Los capitales no dejaron de emigrar entre enero de 2016 y diciembre de 2018.  Se estima la salida en estos 3 años en US$60.823 millones, que (según el Presupuesto Nacional / BCRA) equivaldrían a:
– 16 presupuestos de salud
– 8 presupuestos para educación
– 49 presupuestos destinados a ciencia y tecnología
– 10 presupuestos para el cubrir la Asignación Universal.
Con el 120% que el mercado devaluó la moneda en 2018, en 3 años el dólar recuperó el atraso que traía desde el 50% que siguió al levantamiento del cepo y punta a punta, subió 291%, a $39.
No obstante, la capacidad adquisitiva de la población lleva perdido un 22% en términos reales tomando el promedio del sector privado que brinda SIPA, ya que de los $15.809 de 2015 pasó ahora a $32.776.
No fue óbice para que más del 60% de trabajadores empezarán a pagar impuesto a las Ganancias, debido a la desactualización de las escalas no imponibles.

La inflación, otro ladrillo en la pared
Del seguimiento realizado por el INDEC surge que las remarcaciones de precios hicieron que la harina por kilo subiera 315%, el aceite de 1,5 lt, el 440%, el asado por kilo 160% y el litro de leche 114%.
En septiembre de 2018 un informe de la ONU advirtió que casi 4 millones de personas enfrentan una seria inseguridad alimentaria y que eso se refleja en «la cantidad de personas que concurren a comedores y que saltean comidas por falta de dinero». Entre abril de 2016 y noviembre de 2018, los alimentos aumentaron 73%.
Las Pymes fueron las que más sufrieron, al caer 9.609 persianas en estos 3 años, con lo que en pie permanecen 549.745, de acuerdo con datos de la Secretaría de Finanzas.
El INDEC estimó que la desocupación se ubicará alrededor del 10% para fines de 2018.
En 2018, la economía argentina habrá concluido otro año perdido: el PBI per cápita a fines de este año será muy similar al que teníamos antes de que se iniciara la crisis financiera internacional en septiembre de 2008.
La falta de dólares en la economía y la retracción del financiamiento fueron lo que llevaron a una rápida y fuerte suba del tipo de cambio y negociar un acuerdo stand-by con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Arranque con el pie izquierdo
El año comenzaba con el penoso antecedente de la conferencia de prensa brindada el 28 de diciembre de 2017 por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, acompañado por el ministro de Hacienda, el ministro de Finanzas y el presidente del BCRA. Fue allí donde el gobierno autodecretó el suicidio de su política antinflacionaria, fijando una meta del irrisoria del 15%, luego de haber incumplido consecutivamente sus propias pautas inflacionarias.
La fallida e imprudente política monetaria impulsada por Federico Sturzenegger llevó el stock de Lebac a casi 1,2 billones de pesos, equivalente a 66.500 millones de dólares (con un tipo de cambio cercano a los 18 pesos). Por su parte, las reservas internacionales se ubicaron en 55.700 millones de dólares a principios de enero pero, días más tarde, subieron 9.000 millones más, producto de la entrada de dólares que generó una colocación extraordinaria de nueva deuda pública externa previendo un endurecimiento del mercado financiero.
La desprolijidad con la que se manejó la política económica y cambiaria del país, más el impacto de ciertos factores nacionales (el menor ingreso de divisas del sector agropecuario) e internacionales (la suba de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos) precipitaron la desconfianza respecto a la solvencia de una economía dispuesta para fugar la riqueza generada en un juego especulativo, prolija y legalmente instrumentado por el propio gobierno nacional. Cuando se conoció que el desbalance externo del año 2017 había superado los 30.000 millones de dólares, y que por los datos del primer trimestre de 2018 se proyectaba un déficit de 40.000 millones de dólares, se decidió recurrir al FMI.

Quedó claro que, a pesar de la crisis, el gobierno seguiría ponderando el interés de un reducido grupo de corporaciones económicas y a respetar a rajatabla las indicaciones del FMI.


En mayo, el tipo de cambio del BCRA empezó el mes a 20 pesos y culminó en 25 pesos. Esto implicó una depreciación del 20% en solo un mes. Entre abril y mayo se perdieron alrededor de 11.500 millones de dólares. Fue allí cuando el gobierno nacional jugó su última carta y recurrió al Fondo Monetario Internacional a pedir un salvataje económico para dar respuesta a una crisis que fue presentada como una “turbulencia”, sin reconocer ningún error más que el optimismo infundado de un resultado que nunca ocurriría.
Sin embargo, el anuncio de un acuerdo con el Fondo, que se suponía iba a generar mayor confianza, no frenó la corrida y llevó el tipo de cambio a 28 pesos por dólar, a pesar de que en sólo 20 días el Banco Central dilapidó 2.000 millones de dólares más del stock de reservas.
En síntesis, desde el 1° de enero hasta la confirmación del primer acuerdo con el Fondo, el 20 de junio de 2018, el tipo de cambio se depreció un 50% y se perdieron alrededor de 13.500 millones de divisas de las reservas internacionales. Específicamente, se habló de dos corridas cambiarias: la primera, que comenzó el 25 de abril y duró alrededor de 20 días, y la segunda, cerca del 14 de junio, que impulsó la llegada de Luis Caputo a la presidencia del BCRA para reemplazar a Federico Sturzenegger tras su fracasada gestión.
Las peripecias del mercado cambiario se trasladaron inmediatamente a la economía real, generando un gran desorden en los precios relativos, impulsado así un importante aumento en la inflación. Pero la disparada inflacionaria también se alimentó de la quita progresiva de subsidios económicos en las tarifas de los servicios básicos (electricidad, gas y agua) y combustibles, y la consecuente suba de aquellos componentes dolarizados de las mismas. Quedó claro que, a pesar de la crisis, el gobierno seguiría ponderando el interés de un reducido grupo de corporaciones económicas y a respetar a rajatabla las indicaciones del FMI.

Entre la sequía en el campo y un modelo deficitario
Para colmo de males, la economía sumó los efectos de la peor sequía de los últimos años, hecho que afectó seriamente al sector agrícola y las industrias afines. El sector “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura” cayó 31,3% en el 2° trimestre de 2018 con respecto a igual periodo de 2017, habida cuenta de que la base de comparación de 2017 resultó alta porque fue un año de cosecha récord.
A pesar de la devaluación, el modelo no cerraba sus déficits más grandes (el fiscal y el externo). El agujero fiscal, seguía creciendo con el rigor de la deuda, y el déficit de la cuenta corriente llegó a los 17.855 millones de dólares en el primer semestre del año (alrededor de 4.000 millones más que el déficit registrado en igual periodo del año anterior).
El FMI domina la escena de la macro de corto plazo. Por ahora se despeja el fantasma de un default, pero hay voces que plantean que ante una nueva crisis podríamos ir a una renegociación de deuda. La deuda preocupa también al Fondo. No es alta en la comparación regional, pero ha aumentado durante la gestión oficial para financiar al gradualismo.
La suba inesperada del dólar en nuestro país, asociada a que se cerraron los mercados, complicó el panorama ya que la devaluación arrastró inflación y ésta supuso la caída del salario real y del consumo.
La tasa de interés es de esperar que ceda conforme la inflación baje. Para las empresas, en particular las pymes, la tasa de interés tan elevada son un factor distorsivo que complica la cadena de pagos y el financiamiento. El crédito en general está muy bajo en términos del PIB y la economía pierde puestos de trabajo.

Pocas novedades para el comercio exterior
Las exportaciones siguen amesetadas, se espera una buena cosecha que no va a definir el año, pero claramente suma. Recordemos que el arrastre negativo del PIB es de 4% para 2019. La recesión terminará seguramente en el segundo semestre de 2019, con un rebote moderado.
La balanza comercial va ajustando más por importaciones que por exportaciones. La cuenta corriente de 30.000 millones de dólares, negativa en 2018, se va a ir ajustando aunque hay que seguir de cerca la potencial apreciación del peso en 2019.

Parte II: Perspectivas de la economía 2019

Por Fernando Schpoliansky