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Fertilización eficiente, clave para potenciar los cultivos del Valle
La planificación de la fertilización para la nueva temporada fue analizada por Ramiro Guiroy, country manager de Aminochem Argentina, quien destacó el crecimiento de las herramientas biológicas y biostimulantes en frutales de pepita y carozo. El especialista remarcó la importancia de acompañar el desarrollo radicular y ajustar las aplicaciones a cada etapa del cultivo para mejorar la eficiencia y cuidar los costos del productor.
“Todo plan de fertilización tiene que ir acompañado de un plan de control de malezas”
“Lo que vi yo cuando lo compraba y por lo que hoy intento pregonar o ayudar a productores que están en esa situación es que es un producto que te genera alta densidad de raíces y reactivación de plantas debilitadas o envejecidas”, explicó Guiroy al referirse al Bioamino L, elaborado a partir de derivados de la salmonicultura. Según detalló, el objetivo es mejorar la exploración de las raíces para aprovechar mejor el agua y los fertilizantes aplicados.
El ingeniero señaló que la estrategia no consiste solamente en incorporar un producto, sino en trabajar con un paquete tecnológico. “Todo plan de fertilización tiene que ir acompañado de un plan de control de malezas”, afirmó, y explicó que cada decisión está vinculada con las demás prácticas del cultivo. En ese sentido, remarcó que la producción frutícola es “un cultivo superintensivo o intensivo” donde “está todo super relacionado”.
Guiroy también destacó el nivel tecnológico de la fruticultura del Alto Valle frente a otras regiones productivas. “En líneas generales, el Valle está mucho más avanzado en manejo”, sostuvo, y valoró que los productores y técnicos de la región manejan conceptos y herramientas que todavía no tienen la misma incorporación en otras zonas.
El momento de aplicación define la eficiencia
Guiroy explicó que las raíces mantienen actividad durante todo el año, aunque existen momentos de mayor crecimiento que deben aprovecharse para mejorar la respuesta de las plantas. “La realidad es que esos son crecimientos relativos, o sea, es el aumento sobre lo que ya hay, pero las raíces siempre crecen en el año”, señaló.
En cuanto al inicio del ciclo, recomendó comenzar a acompañar el crecimiento radicular cuando los suelos recuperan mejores condiciones de aireación después del período de heladas y excesos de agua. “Cuando uno tiene 10, 15 centímetros de brote, la planta ya arrancó su movimiento y eso lo hizo habitualmente con reservas”, explicó, por lo que consideró que las aplicaciones anteriores pueden ser útiles, aunque con menor eficiencia.
El especialista también planteó que la fertilización debe realizarse de manera estratégica para evitar pérdidas económicas. “Si yo aplico toda mi fertilización en el invierno, como se hizo tradicionalmente, no sirve nada; probablemente te sirve el 10% de lo que echaste”, advirtió. Por eso, recomendó acompañar las distintas etapas del cultivo y utilizar aplicaciones foliares en momentos de alta demanda para favorecer el desarrollo de los tejidos.
Además, anticipó un crecimiento de la aplicación de productos mediante drones, una tecnología que considera cada vez más relevante para la fruticultura. “Dentro de muy pocos años va a haber probablemente muchos más drones que curadoras en el Valle”, estimó, aunque aclaró que la aplicación debe dirigirse correctamente sobre las filas para evitar desperdicios y favorecer la eficiencia del tratamiento.
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