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Emprendedores

El don de la pastelería: la clave es saber diferenciarse

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Formada en la Escuela de Cocineros Patagónicos en Neuquén y actualizándose permanentemente con diversos cursos tomados generalmente en Buenos Aires, Nadia Salvo se mantiene inquieta y creativa. Su local y cada una de sus elaboraciones son luminosas y perfectas. Una obra de arte, piezas de perfección y hermosura que hacen dudar de querer llevarlas a la boca. ¿Como se abrió camino esta emprendedora de Andacollo?

«Soy Nadia, Chef Pastelera», dice en la bio de sus redes sociales, pero es mucho más que eso. Neuquina, hija de una andacollense y nieta de las primeras pirquineras del norte neuquino (las primeras mujeres que buscaban oro). «Vengo de una familia de mujeres que buscaban cómo crecer», asegura. Inicia la conversación con ese marco, porque explica su «siendo» en función de lo que trae su árbol y del trasfondo de las historias.

«Le empezás a dar importancia a eso cuando sos grande y empezas a trabajar patrones, sobre todo cuando  emprendés, reflexionás sobre cómo ves el dinero, el poder crecer o algunas cosas que tienen que ver con el éxito. Empezas a indagar y te encontrás con esas historias de mujeres re trabajadoras, y denominadores comunes como que todas quedaron viudas -yo también quedé viuda a los 30 años-, es como una historia que se va repitiendo», expresa.

 

 

Tras esa realidad, y debiendo salir a la lucha diaria del sustento y la subsistencia, Nadia recuerda: «dejé mi último trabajo en el 2015, era tesorera de una financiera, estaba por cumplir 35 años y recuerdo que había dicho que a los 35 no iba a trabajar más para nadie. Me acordé esa mañana, soy de tomar decisiones así, no las pienso mucho. Mi nene me dijo ese día «me quedé dormido, vamos a la escuela», yo le dije «no, vamos a desayunar». Nos fuimos, llamé a mi jefa y le dije que renunciaba. Para esto ya venía cocinando y vendiendo a conocidos. A la noche me di cuenta lo que había hecho y me agarró una crisis, pero enseguida me ordené, y dije: ‘Voy por acá'». 

«Crecí en una familia con 8 hermanos y una mamá viuda, que era muy buena cocinera y solía vender comida cuando el dinero no alcanzaba.  Fui la única de mis hermanos que terminó la secundaria y asistió a un terciario. Apenas salí del secundario tenía mi primer trabajo como cajera en un autoservicio, luego fui emprendiendo diferentes rubros. Lo curioso era que siempre mis trabajos estuvieron relacionados al manejo de dinero. Todo esto transcurría mientras estaba junto al papa de Nacho (mi hijo), con quien me casé en el 2002. Él tenía su trabajo formal y siempre apoyaba cada uno los negocios que resonaban en mi cabeza», cuenta Nadia. 

 

 

 

«Ahí tomé la decisión»

«Comencé subiendo una foto de comida a mi estado en Facebook y conté una historia, entonces alguna vez alguien me preguntó si hacía para vender, y no estaba en mí vender; en ese momento me gustaba la fotografía de alimentos, pero bueno, así empecé a vender y en el año 2015 (yo había estudiado pastelería en el 2012), ahí tomé la decisión», asegura. 

El emprendimiento La Mousse Pastelería, tomó fuerza en 2019, «en plena pandemia, entonces decidí reformar el garaje de la casa que alquilo, el dueño siempre me insistía en que tenía que poner una pastelería y yo no estaba convencida porque es lejos del centro, pero bueno le pedí permiso para reformar y saqué a la calle la pastelería. Empecé a hacer algunas cajas y con esa venta armé mi local, plata que entraba era decir «con esto pago el toldo, con esto la pintura, la mano de obra» y así. Me llevó casi un año, había que hacer mucho hasta que lo abrí. Este año se cumplieron tres años de aquel momento», cuenta.

«Creo que el objetivo de alguien que cocina es tener su propio lugar, para brindar el servicio. Si tenés un don ponerlo al servicio de los demás es magnífico», expresa.  

 

 

«Mi fuerte es la pastelería»

Con sus ojos cristalinos y amplia sonrisa, se entusiasma en desandar el camino recorrido. «Durante muchos años dentro de la pastelería busqué lo que me gustaba más, me considero muy buena haciendo pastelería, pero no soy buena haciendo tortas, por ejemplo. Esa no es mi especialidad, no me dedico a eso. Mi fuerte es la pastelería, eso me ha hecho diferenciar de los demás. A veces hacerse experto en una sola cosa te da la posibilidad y el privilegio de diferenciarte mucho y de que los clientes te busquen específicamente por eso. Eso es lo ideal – lo aprendí de un coach de emprendedores, que decía que era re importante hacerse especialista en una sola cosa», cuenta. 

Previo a esta especialización, pasó por ventas a demanda, clases de pastelería en la Feria Internacional del Libro de Neuquén a más de 150 niños, clases de pastelería en su casa, clases de cocina en vivo en el río, y elaboración de productos a una heladería local. 

Acompañada por dos colaboradoras, avanza en su propuesta tratando de redoblar esfuerzos e ideas. «El espíritu de La Mousse es hacer un producto diferente, que no lo venda nadie. Diferenciarme en sabor y prolijidad, todo entra por los ojos. Siempre quise cocinar como si yo estuviera del otro lado de la vidriera, yo me fijo en todo. Eso hace al todo del producto», comenta la hacedora de una pastelería de revista, cuyas fotos de producto, hechas por ella misma, van en consonancia con la propuesta. 

Venida del oro, de mujeres luchadoras, hoy lejos de esos inicios Nadia conserva el amor por sus raíces y bien podría decir, como la canción de Fabiana Cantillo «Yo vivo en una ciudad a donde el oro se acabó, pero hay algo, pero hay algo que aprendí el oro puedo ser yo».

 

Por Leticia Zavala Rubio

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